I Jornada de Estudios sobre Masonería en Argentina y América Latina

Influencia de la Masonería en el Pensamiento Político de la Revolución de Mayo

22 de Mayo de 2010 / Sede de la Masonería Argentina. Pte. Perón 1242. CABA

Libro “Masonería en la Revolución de Mayo. Influencia en el pensamiento político”

Libro “Masonería en la Revolución de Mayo. Influencia en el pensamiento político”
La Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones y a la Universidad de Buenos Aires auspician esta primera edición de nuestro libro “Masonería en la Revolución de Mayo. Influencia en el pensamiento político”, constituyéndose en el primer libro impreso por la editorial de la Gran Logia de la Argentina “Ediciones Masónicas Argentina”. Una investigación del Centro de Estudios para la Gran Reunión Americana, del Equipo de investigación: Ricardo Romero, Roberto Sahakian, Verónica Baston, Antonio Las Heras, Nicolás Breglia, Andrea Marisa Romandetti Dasso, Jorge Cabezas, Sylvia Ruz Moreno, Germán Boure, María del Carmen Romano, Mario Luján Benítez Reyes y textos de Emilio Corbière.

Proyecto de Investigación: Influencia de la Masonería en la Revolución de Mayo

Director: Lic. Ricardo Romero

Nos proponemos en esta investigación analizar los componentes de las ideas masónicas a fin de relacionarlas en su influencia en la construcción del Estado Argentino. Haciendo una construcción analítica de fuentes históricas: documentos, escritos, proclamas y biografías, a fin de dilucidar cuáles fueron los componentes que marcan la influencia de la masonería en el Pensamiento Político de la Revolución de Mayo, sosteniendo que el esquema de Logia permitió un accionar similar a un partido de cuadros en el proceso revolucionario.

Análisis

La Logia Lautaro es la organización emblemática del análisis historiográfico. Debe su nombre a los relatos que contó Bernardo O´Higgins a Miranda sobre la oposición que realizó el toqui mapuche Lautaro a la dominación española de Chile en el siglo XVI. En sus principales objetivos estaba la de lograr la independencia de América, para establecer una confederación de repúblicas. Seguían la línea de los Caballeros Racionales, Logia creada en 1807 y que luego tomaría en Cadiz el nombre mismo de Lautaro.

Es interesante ver que la masonería llega de la mano de los liberales españoles y no de los ingleses, como critica la línea revisionista. De hecho, cuando llegan San Martín y Alvear a Buenos Aires en 1812, venían actuando logias previas, entre la más reconocida fueron las Independencia, una que levantó columnas en 1795 y otra del mismo nombre que trabajaron desde 1806 hasta confluir en la Lautaro. Si bien son logias de influencia masónica, las mismas eran operativas, con lo cual podían salirse del ritualismo y concentrarse en los objetivos específicos establecidos. Además, como comenta José Stevenson Collante, durante el proceso revolucionario, los miembros de la masonería tenían doble investidura, participaban en Logias Regulares Universales y de Logias Operativas de carácter patriótico para la revolución americana. Algunos de los principales miembros a destacar fueron: Francisco de Miranda, Andrés Bello y Simón Bolivar de Venezuela, José María Caro de México, Bernardo O´Higgins de Chiles, Juan Pablo Fretes de Paraguay; y en Argentina actuaron José de San Martín, Carlos de Alvear, Bernardo de Monteagudo, Gervasio Posadas y Tomás Guido, entre otros.

En lo académico, nos señala Emilio Corbiére (La Masonería) que si bien existen marcadas evidencias de los vínculos masónicos, por diversas razones, no se profundizan los análisis de sus implicancias. Existen trabajos que estudian el accionar de las Logias en la región, desde La Logia Lautaro por Emilio Gouchon, La masonería y la independencia de América por Nicolás Navarro, La Logia Lautaro y la independencia americana por Antonio Rodriguez Zuñiga, La Masonería a través de sus hombres por Alcides Lappas, o San Martín, la Logia Lautaro y la Francmasoneria por Fabián Onsari; o análisis específicos estudian la Revolución de Mayo, como uno reciente de Marcela Ternavasio, Gobernar la Revolución, que estudia los poderes en disputa en ese período, y en el cuál la pertenencia de los mismos a la masonería no es problematizada. Y si bien, existe la investigación Lucia Gálvez (Como dios manda? Iglesia, masonería y estado en la Argentina) quien estudia la participación de curas y masones en el proceso emancipatorio.

Lo cierto es, que la mayoría de éstos trabajos tienen un carácter esencialmente histórico y en todo caso, dejan en todo caso como un aspecto anecdótico el vinculo entre masonería y la emancipación, o la mirada se centra en un aspecto histórico del proceso. Se trata de dar una aproximación politológica al análisis para ver los componentes estructurales del pensamiento masónico derivados en el proyecto político de la revolución.



Lanzamiento de la Jornada

domingo, 21 de febrero de 2010

Los Precursores de la Revolución Americana y sus relaciones con la Francmasonería

Blog de Mario Morales Charris

Blog de Mario Morales Charris


Por: José Stevenson Collante 33º
Ex Gran Maestro de la Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia

Según el Diccionario de la Lengua Española, XXII Edición, el vocablo Precursor, que precede, designa al que profesa o enseña doctrinas o acomete empresas que no tendrán razón ni hallarán acogida sino en tiempo venidero. Ese es el motivo por el cual antecede al nombre de pila de dos de nuestros libertadores, como un justo reconocimiento a sus épicas hazañas en favor de nuestra independencia del yugo español. Solo dos connotados patricios, uno venezolano y otro colombiano, merecieron llevar ese calificativo, a los que me referiré a continuación, en su orden continental:

I) Don Francisco de Miranda Rodríguez
Precursor de la Independencia Americana


Todos los historiadores consideran que el Precursor o Padre Espiritual de la libertad y de la independencia hispanoamericana fue el Francmasón venezolano, el general Francisco de Miranda Rodríguez, nacido en Caracas el 16 de marzo de 1750, del hogar que formaron el Capitán de Marina, canario, don Sebastián de Miranda y Pardo y doña Francisca Antonia Rodríguez Espinosa. Su vida fue una de las más arriesgadas por las múltiples dificultades que tuvo que pasar y vencer osadas aventuras. Un ser inteligente, intrépido, de buen trato y caballeroso, tenía que gozar del aprecio general y tener buenas relaciones con los distintos personajes que le tocó alternar en su agitada vida de visitante de muchos países y Cortes imperiales, tanto en Europa como en Norte América.

Desde Caracas partió en enero de 1771 rumbo a España y en el Puerto de Cádiz permanece hasta 1778, dedicado al estudio y a la carrera militar, no sin antes haber estudiado Filosofía, en la Universidad de su país. Su clara inteligencia, su fuerte personalidad y su formación académica, le abrieron camino para establecer relaciones intelectuales con personas de la mayor distinción en aquellos países que visitaba. Como militar luchó en el norte de África a la orden del ejército español, hasta obtener el grado de Capitán. Buscando ayuda para solucionar el grave problema de la independencia americana, en 1780 se encuentra en Cuba, que utiliza como puente para llegar a la Florida. Días después, que el patriota Jorge Washington, apoyado por Lafayette y Rochambeau, habían derrotado en Trenton y Yorktown a los ingleses, donde participa en la toma de la Plaza de Pensacola contra las fuerzas inglesas, donde por su arrojo es ascendido a Teniente Coronel. Allí tuvo la oportunidad de conocer a Lafayette y a otros ilustres europeos.

Por razones religiosas como anticristiano y por la manifiesta antipatía de los militares españoles el General De Miranda es acusado de simpatizar en 1782 con los ingleses, lo que le ocasiona ser tomado prisionero yencarcelado en el Castillo del Príncipe en La Habana, de donde logró huir a Carolina del Sur en 1783 y conoce a Jorge Washington, victorioso de la Revolución Norte-americana. Lograda su independencia, con deseo de libertad realiza un viaje de observación por varios países de Europa, donde tuvo la oportunidad de conocer y tratar con varios personajes importantes del mundo Europeo, como Catalina II zarina de Rusia y Federico II de Prusia, quienes le prometieron ayuda para la puesta en marcha de sus aspiraciones libertarias de América Meridional.

Como viajero de muchos países, emprendió acciones notables para liberar a las naciones de América del Sur, por los contactos que obtenía a través de la Masonería, en la que ocupó destacadas posiciones. Con éste propósito recurrió al apoyo de las principales Logias de los países europeos que visitaba como Francia, Inglaterra, Provincias Unidas, Italia, Turquía, Rusia en busca de ayuda para organizar y realizar la revolución de las colonias hispano – americanas.

Aprovechando en 1790 las desavenencias entre España e Inglaterra por el dominio de los mares, el General De Miranda presentó al joven Ministro inglés, William Pitt, un proyecto por él elaborado para lograr la emancipación de las Colonias Americanas de España, programa que no prosperó, en razón de que España desistió de su empeño de expansión marítima. Como Teniente General de Francia, es Comandante del Ejército del Norte en 1792 en las famosas campañas contra Bélgica y Holanda en el período de la Revolución.

Sin duda, fue un soldado americano al servicio del gobierno revolucionario francés para liberar los pueblos subyugados y oprimidos por la fuerza de los tiranos. Por sus servicios como defensor de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad; por sus aportes y acciones al gobierno revolucionario, el General De Miranda es ascendido a Mariscal de Campo. Fue perseguido como conspirador contra Napoleón al ser delatado por su enemigo personal Joseph Fouché, por lo que fue expulsado de Francia. Más tarde, después de la Revolución, sus servicios fueron reconocidos por el gobierno francés al ser su nombre grabado en una urna vacía en el Arco del Triunfo de la Estrella que preside los Campos Elíseos de París, como Mariscal de Francia, único americano a quien le fue otorgado ese honor.

Después de la derrota de Neerwinden, aldea de Bélgica, celebre también por el fracaso de Guillermo de Orange en 1623, el General de Miranda fue acusado de traición. Luego de dos meses de estar encarcelado fue absuelto por no encontrarse mérito para ello.

Las más diligentes investigaciones no han tenido éxito para conocer el nombre, el lugar y la fecha de iniciación de la Logia donde el General de Miranda fue recibido en nuestra augusta Institución, por cuanto algunos historiadores afirman que se inició en una Logia de Virginia; otros que en Filadelfia; otros que en Londres y algunos aseguran que fue en Paris. Este es un rompecabezas que aún no ha sido resuelto, pero no hay duda de que fue un Masón bien formado y con las mejores calidades como patriota y revolucionario y de ideas progresistas modernizantes.

Después de algún tiempo de su periplo mundial y de su permanencia en Francia, el General De Miranda regresa a Inglaterra donde la empresa libertadora sufre un descalabro por la poca importancia que le prestó el Ministro W. Pitt a sus ideas libertarias. Esto lo obligó a redoblar esfuerzos para fundar en Londres en 1797 La Gran Reunión Americana que tenía, además de los fines Masónicos de formar hombres libres y de buenas costumbres, otros de carácter social, como era la liberación de las Colonias Españolas en América Meridional. En su residencia, en la ciudad de Londres, donde la gente procede con lentitud, sin alterarse, el General de Miranda funda laGran Logia Regional Americana; allí adoctrinaba, como Gran Maestro, a los patriotas americanos y revolucionarios que venían de sus países de origen, destacándose entre ellos los chilenos Bernardo O'Higgins, José M. Carrera, Juan Martínez, Gregorio Argomedo, Juan A. Rojas; los argentinos José de San Martín, José Ma. Zapiola, Carlos Ma. de Alvear, Bernardi Monteagudo y Mariano Moreno, quienes en 1811, organizaron en Buenos Aires la Logia Lautaro, que luego fue extendida a Mendoza y a la ciudad de Santiago de Chile; de México, el fraile Bernardo Teresa de Mier, Vicente Rocafuerte, Carlos Montufar; de Cuba, Pedro Caro; de Venezuela don Andrés Bello, Luís López Méndez y el Libertador Simón Bolívar; de Santafé José Ma. Vergara Lozano, eran los más asiduos contertulios a las famosas Tenidas.

La Gran Reunión Americana fue fundada en Londres en 1797; además de los fines Masónicos que ejercía, tenía ciertos fines políticos, como era la emancipación de las colonias Españolas en América, como ya lo he expresado. Para tal fin, allí organizó la primera de éstas de esas sociedades, para atraer a los criollos americanos que aspiraban liberar a sus nacientes repúblicas. De boca de los chilenos que participaban activamente en esas Tenidas, conoció las hazañas del cacique araucano Lautaro, caudillo de su tribu, en las selvas de Carampanguey y el Tirúa en 1534 (a orillas del Matiquito), hijo del Cacique Curiñanca. En 1550 entró como caballerizo al servicio del conquistador don Pedro de Valdivia a la sazón gobernador de Chile, y en 1553 huyó con los indios y se convirtió en jefe nato de los revolucionarios indígenas.

Tras vencer a Valdivia en la batalla de Tucapel en ese mismo año, en la que el español resultó muerto, volvió a derrotar a los imperiales ahora mandados por Francisco de Villagrán, gobernador interino de Chile, en Mariqueñu. Beneficiándose del desconcierto producido entre los españoles por la falta de un auténtico gobernador –lo que no se resolvió hasta la llegada de García Hurtado a Mendoza– asaltó diversos núcleos humanos; en 1554 tomó Concepción, que luego abandonó para recuperarla momentáneamente en 1556; en 1555 atacó fuerte Penco; al año siguiente intentó en vano tomar Santiago, y así mismo las ciudades de Valdivia y de La Imperial tuvieron que defenderse de sus ataques. Mientras tanto la Audiencia de Lima nombraba a don Francisco de Villagrán corregidor de justicia mayor de Chile, para que se solucionase la situación creada por el Cacique araucano. Este fue sorprendido y asesinado por las tropas de Villagrán en su campamento cuando ultimaba los preparativos de la Batalla de Petorca, en la que los araucanos, sin jefe, lograron resistir a sus enemigos por unas horas. El Cacique Lautaro, fue un hombre de gran habilidad guerrera, recibió las alabanzas del escritor Alfonso de Ercilla en su obra La Araucana.

Este relato sorprendió positivamente al General De Miranda y para rendir tributo de admiración, fundó Logias filiales de la Gran Reunión Americana, en Londres, Cádiz, Madrid, Paris, sitios donde llegaban los americanos a estudiar o adelantar actividades mercantiles. Las de París y Madrid operaba con el nombre de Juntas de las ciudades y Provincias de la América Meridional y la de Cádiz con el nombre de Sociedad de Lautaroo de Los Caballeros Racionales, por ser esta ciudad española la puerta de entrada de los criollos que llegaban a Europa, sitio donde comienza el adoctrinamiento ideológico y Masónico.

Con justa razón se les llamó Logias Mirandistas a las cuales asistían los principales dirigentes y jefes de la independencia americana, destacándose entre ellos O´Higgins, Carrara, San Martín, Andrés Bello, Simón Bolívar, etc. Sin embargo, era necesaria la ayuda económica para comprar naves, municiones, pago de personal, alimentación y compra de material bélico y embarcaciones maritimas que fueron requeridas.

Le tocó al Gran Maestro, el General De Miranda, iniciar las primeras jornadas de la empresa libertadora. Con la ayuda financiera recibida en 1805 en Londres, se traslada a los EE. UU., donde logró que el Presidente y Hermano Jefferson le concediera ventajas para la expedición. En marzo del añosiguiente, zarpa de Nueva York para Venezuela con más de 200 hombres, mas su arribo en abril, al puerto de Ocumare, fracasa. Diezmada la tripulación y con un solo barco, se refugia en la Isla de Granada y de allí pasa a Barbados, donde el Almirante Cochrane le facilitó atenciones y ayuda logística. Después de reorganizar su ejército, ataca de nuevo al territorio de su país y tomó a la Vela de Coro, que tuvo que evacuar a los pocos días por la escasez de municiones y personal. Después se dirigió a Trinidad donde tuvo que disolver su expedición por las razones ya anotadas.

Como las gestiones que había adelantado no tuvieron el éxito esperado y al no contar personal preparado bélicamente ni recursos económicos suficientes, regresó en 1808 a Londres donde se reencontró con Bolívar, a la sazón, Delegado a la Junta de Caracas. Visto que, ya desde 1807, empezaron las reuniones secretas en la casa del General Bolívar, y a comienzos de 1808 los patriotas caraqueños se habían organizado en una Sociedad Secreta, que desde aquel momento tuvo marcada influencia sobre el movimiento revolucionario, donde la sola presencia del general caraqueño ejercía preponderancia sobre las iniciativas de aquel grupo. No obstante que la mayoría de los diputados eran, por diversas causas, partidarios de la Independencia no daban el paso definitivo, pese a que la sociedad patriótica presionaba constantemente a los congresistas, discutiendo en asambleas públicas los problemas de la nación, tal como lo practica hoy nuestro presidente reeleccionista, por lo que aquí no podemos hablar de modernidad de un sistema de Gobierno.

Las actividades de la Sociedad Patriótica tuvieron serios contratiempos al entregar uno de sus miembros –el Marqués del Toro– al Gobernador, Capitán General Amparan las instrucciones secretas del General De Miranda para la Junta Suprema de Caracas. No obstante estos inconvenientes, la Sociedad Patriótica logró culminar su movimiento revolucionario con la Declaración de Independencia, firmada en Caracas el 19 de abril de 1810, donde se formó un gobierno autónomo con el nombre de Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, cuyo Presidente fue don José de las Llamosas. Esta Junta nombró al General Simón Bolívar, Teniente Coronel de Milicias y lo envío a Londres en misión diplomática, conjuntamente con don Andrés Bello y Luís López Méndez, quienes se embarcaron en la corbeta inglesa Wellington en el puerto de La Guaira, el 10 de junio de 1810 y después de un mes llegaron al puerto Portomoun, Inglaterra.

Siguiendo un estricto orden cronológico, podemos observar que el año de 1810, fue el Año de la Libertad de algunos países americanos tal como se indica a continuación:

• Venezuela, Caracas, el 19 de Abril de 1810.
• Argentina, el 25 de mayo de 1810
• Nueva Granada, Santafé de Bogotá, el 20 de julio de 1810
• México, con el grito de Dolores el 10 de septiembre de 1810
• Chile, el 18 de septiembre de 1810
• Nueva Granada, Cartagena de Indias, el 11 de noviembre de 1811.

Es un acontecimiento histórico que no ha sido desmentido. En Londres, el General Bolívar conoció al General De Miranda y a muchos otros patriotas suramericanos, con quienes a más de tratar sobre el tema político de la emancipación de las colonias hispanoamericanas, instruía en las reuniones de la Logia La Gran Reunión Americana. Salió de Inglaterra el 21 de septiembre de 1810 y llegó al puerto de La Guaira el 4 de diciembre del mismo año para continuar en el propio suelo su proyecto independista.

Sobre la Iniciación del Libertador no hay un criterio unánime: El historiador Jules Manzini, en su obra «Bolívar y la Emancipación de lasColonias Españolas», dice que se inició en la ciudad de Cádiz en la Logia Lautaro y que en 1810 durante su misión diplomática a Londres conferida por la Junta de Gobierno de Caracas, recibió del Precursor General De Miranda en persona, el Grado de Iniciación en la Gran Logia Americana, en donde repitió el juramento que hace poco había prestado en la Logia de Cádiz. Sin embargo, otros historiadores afirman, que el Coronel Simón Bolívar ingresó a la Masonería en la Respetable Logia San Alejandro de Escocia de París en 1805 y recibió el Grado de Compañero en la misma Logia el 11 de Noviembre del mismo año. Solo existían esos dos grados; el de Compañero aseguraba la Maestría.

Como la situación política era delicada, y el palo no estaba para hacer cucharas, nueve días después del arribo del General Bolívar a Caracas, se comunicó con el General De Miranda, que se encontraba en la Isla Holandesa de Curasao y le solicito que viniera a Caracas para dar los últimos toques al problema de la liberación. En efecto, el 11 de diciembre de 1810 el General De Miranda llegó a La Guaira en el buque de guerra El Avon de la corona británica. Ya el Precursor había aceptado el cargo de Jefe de la Junta Revolucionaria de Caracas. Venía funcionando en esta ciudad una Logia con el nombre de Sociedad Patriótica dependiente de la Gran Logia Americana de Londres, que orientaba a los Hermanos patriotas revolucionarios agrupados con tan señalado propósito.

Para esa ocasión la nueva República de Venezuela se encontraba amenazada por las fuerzas imperiales dirigidas por el capitán de fragata Domingo Monteverde, osado oficial, manipulador e inescrupuloso, de autos conocidos como militar y que después en marzo de 1810 se declaró defensor de los realistas y como Jefe de los Derechos del Rey Fernando VII organiza la resistencia para establecer nuevamente el Gobierno Español.

Como el Gobierno republicano de los patriotas en Venezuela de las Provincias Confederadas, por Decreto del 28 de abril de 1812 había conferido al General de Miranda la Dictadura y el título de Generalísimo de mar y de tierra, y desde el día 11 venía despachando como tal, el 1º de mayo de 1812 nombra al Coronel de Milicias Simón Bolívar como Comandante político y militar de la plaza de Puerto Cabello, dándole posesión al día siguiente. Las contradicciones existentes entre criollos y españoles, eran un problema delicado de oportuna atención, por lo que no resultaron necesarias y suficientes las conversaciones adelantadas por el Libertador.

Como los acontecimientos de la guerra en Puerto Cabello fueron desfavorables a los patriotas, la pérdida de esa Plaza Fuerte significó un grave descalabro para la República y tal circunstancia fue aprovechada hábilmente por el capitán de Milicias Francisco Fernández Vinoni, natural de Garachico –Isla Canaria de Tenerife–, oficial de guardia del Castillo de Puerto Cabello, bajo cuya dirección el sargento mayor Antonio de Guzmán y otros presos políticos realistas se habían sublevado. Sobre la responsabilidad de este desafortunado acontecimiento se han hecho muchas conjeturas, la mayor parte de las cuales apuntan contra el coronel Simón Bolívar, por la pasiva actitud asumida cuando injustamente fue sindicado de traidor, el Precursor De Miranda. No me corresponde hacer un juicio de responsabilidades sobre este penoso incidente, ni ser defensor del Libertador de la acusación de haber participado en la delación y captura, que no se hubiese generalizado a no ser por las cartas que el futuro Libertador enviara al Precursor desde Caracas (12 de julio de 1812 y 14 de julio, dos días después), donde le manifiesta su estado anímico de abatimiento por la pérdida de Puerto Cabello y le solicitó, permiso para descansar después de trece noches de insomnio por hallarse en una especie de enajenamiento moral.

En la segunda y última carta, lleno de vergüenza, con habilidosa sutileza evade responsabilidades: Yo no soy culpable, pero soy desgraciado y basta. Una frase por demás desobligante y altanera. Por esta razón muchos historiadores son de la opinión que si el Coronel Bolívar no hubiera escrito esas dos cartas y se hubiese mantenido al margen de los acontecimientos, con toda seguridad la opinión pública, que es el mejor juez, no lo hubiera señalado como delator y traidor.

El Precursor De Miranda, era un soldado vencido por los años, sin energías, sin espíritu de militar osado, con muchas adversidades y confiando en la sagrada palabra de honor militar del opositor, accedió a suscribir un Tratado de Capitulación con el jefe realista, General Domingo de Monteverde, Capitán de Fragata, cuyas negociaciones comenzaron el 12 de julio de 1812 en la ciudad de Valencia y se firmó la Capitulación el 25 del mismo mes, por el Oficial José de Sata y Bussy, a nombre y en representación del Precursor, en el pueblo de San Mateo, con el descontento de los patriotas. Desde ese momento la Primera República Venezolana quedó sepultada.

El Comandante del ejército realista Brigadier General Domingo de Monteverde –hombre de mala fé– violó amplia y descaradamente las cláusulas de la Capitulación de San Mateo, suscrita con el General De Miranda en que se permitía a los Oficiales y patriotas civiles comprometidos en la revolución expatriarse, y ordenó al traidor Coronel Manuel María de las Casas, cerrar el Puerto de La Guaira y evitar la fuga de los 400 comprometidos a los cuales se les capturó y arrastró por las calles de Caracas asidos a las colas de los caballos. Esta orden fue cumplida el 31 de julio. La primera y mejor pieza de esa cacería humana fue el General De Miranda, quien se había instalado en la residencia del Gobernador Militar de La Guaira, el Coronel Manuel Ma. de las Casas –de cuya deslealtad desconocía– en compañía de su edecán Carlos Soublette y de dos servidores más, quienes fueron apresados por los realitas.

Es entonces cuando se pone en evidencia la delación hecha contra el Precursor. Impulsados por un falso dolor, movidos por el resentimiento y la mentirilla de que el general De Miranda había negociado con Monteverde a espalda de las autoridades patrióticas, un grupo de militares, entre ellos los generales Tomás Montilla, Simón Bolívar y Luís B, Chantillon, disponen apresar al Precursor y entregarlo a las nuevas autoridades. Tan torpe maquinación se efectúa a las dos de la mañana, cuando el General es sacado de la vivienda y llevado al Castillo de San Carlos, y por orden del General Monteverde es remitido a las bobedas del Castillo de San Felipe en Puerto Cabello, el día 2 de agosto de 1812. El 2 de julio de 1813 es trasladado al Castillo del Morro de San Juan de Puerto Rico y en diciembre del mismo año es embarcado para España a donde llega el 5 de enero de 1814 a Cádiz y encerrado en el presidio de La Carraca, en un calabozo del Castillo de la Cuatro Torres.

Para muchos historiadores imparciales y críticos escritos llamó poderosamente la actitud asumida por el entonces coronel Simón Bolívar junto con los comandantes Montilla y Chatillón no solo de haber faltado al Honor Militar sino al vínculo espiritual contraído de defender, dar asilo y proteger la vida del general De Miranda Gran Maestro de la Logia Regional Americana, y Precursor de la Independencia de América. No nos queda la menor duda de la tremenda metida de patas del coronel Bolívar, quien al no ver ninguna posibilidad de huir del país para ponerse a salvo del enemigo español, se refugia escondiéndose en Caracas, de donde, gracias a los buenos oficios e influencias del español don Francisco de Iturbe, obtuvo el pasaporte otorgado, nada menos, por el Brigadier General Domingo de Monteverde, nuevo Jefe del gobierno español, y para lograr salir de La Guaira el 27 de agosto de 1812 para llegar a Curazao el 2 de Noviembre del mismo año. Para esos días de noviembre, procedente de esa Isla, el coronel Bolívar llegó a Cartagena, acompañado de varios oficiales venezolanos y extranjeros entre ellos el Oficial francés capitán Antonio Leleux, un varón inquieto, de gran fe republicana y fervoroso Masón; como tal, hizo parte de la Logia Masónica en Cartagena Las Tres Virtudes Teologales, siendo Presidente el abogado y Hermano Manuel Rodríguez Torices, mártir de la Patria.

Con la llegada a Cartagena de los refugiados venezolanos y militares extranjeros que pudieron huir de Venezuela a la caída de la Primera República en 1812 aumentó el número de miembros de la Logia Las Tres Virtudes Teologales, que funcionó normalmente hasta 1815, por el insostenible sitio, impuesto por el pacificador español General Pablo Morillo en ese año.

En 1814, la Asamblea Legislativa del Estado de Cartagena elige por segunda vez al Hermano Masón Manuel Rodríguez Torices en el cargo de presidente, Gobernador, Dictador del Estado, designación que rechaza, por tener que ocupar su curul como diputado por dicho Estado al Congreso de la Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, reunido en la Villa de Leiva y el 24 de octubre de 1815 donde fue elegido Presidente de dicho Congreso.

Conviene recordar que, durante el Gobierno republicano del Estado de Cartagena, desde el 11 de noviembre de 1811, hasta su caída y emigración el 5 de diciembre de 1815, el movimiento marítimo de La Ciudad Heroica con las islas Antillas y países amigos fue intenso. La isla de Jamaica, dependiente del gobierno inglés era no solo un centro de abastecimiento comercial sino una importante sede Masónica británica en donde se respiraban los principios libertarios contra España y su tiranía. Con gran facilidad los criollos americanos ingresaban a las Logias de esa Isla al igual que muchos frailes dominicanos que salieran huyendo de Santa fe de Bogotá al tener conocimiento de la victoria en el Puente de Boyacá el 7 de agosto de 1819. Algunos de estos frailes regresaron con ideas republicanas modernizantes y los más curioso investidos con el título de masones. El claro entendimiento entre los masones fue un factor determinante, no sólo para que se fortaleciera la Logia Las Tres Virtudes Teologales sino para, a partir de 1809 y 1819 permitiera el nacimiento de Talleres en Santa fe. Así se explica la sincronización del movimiento emancipador ya que para prosperar una revolución se necesita preparación, fijar las ideas y la confianza en un grupo de personas, de tal manera que haya una enorme fuerza humana en la que se apoya el proceso, que lo sostenga, le dé firmeza y lo ejecute. Para salud de la Nueva Granada, así ocurrió.

Indudablemente, con el general Francisco de Miranda, Precursor de la Independencia Hispanoamericana, se iniciaba la influencia de la Francmasonería en el proceso revolucionario de América Española, inspirado en los principios tutelares de la Revolución Francesa con sus enseñas; la triada fundamental de nuestra organización de Libertad, igualdad y fraternidad, lema que utilizaron los revolucionarios Franceses. Por ello, el gran general. Precursor de la Independencia de América del Sur se sirvió de la Organización Masónica para llevar a cabo sus proyectos emancipadores por medio del símbolo, y el respeto guardado al secreto de los juramentos, y de evadir además la persecución de sus enemigos tradicionales: La ignorancia, la hipocresía y la ambición.

El gran general don Francisco De Miranda, general de División del Ejercito Francés, excombatiente del ejercito español en el norte de África, soldado de la Independencia Norteamericana, Precursor de la Independencia de América del Sur, preso en Castillas, murió el 14 de Julio de 1816 en una celda de las Cuatro Torres del presidio de la Carraca de Cádiz con una cadena atada en su cuello. Designios criminales dirigidos por manos clericales robaron su cadáver sin que hasta la fecha se sepa con seguridad donde lo ocultaron o si le dieron sepultura en cualquier monasterio de España. Su cripta en el Arco del Triunfo de los Campos Eliseos aún sigue vacía esperando sus despojos mortales.

BIBLIOGRAFÍA

  • PERFILES MASÓNICOS. Stevenson Collante, José. Ediciones Sociedad Hermanos de la Caridad. Barranquilla, Colombia. 30 de octubre de 1999.

  • HISTORIA DE COLOMBIA. Henao, Jesús M. y Arrubla, Gerardo.

  • LA MASONERÍA EN LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA. Carnicelli, Américo. Cooperativa Nacional de Artes Gráficas. Bogotá. 1970.

  • HISTORIA DE LA MASONERÍA COLOMBIANA. Carnicelli, Américo. Cooperativa Nacional de Artes Gráficas. Bogotá. 1975.

  • REVISTA EL MISIONERO. Números 8, 51, 52, 53 y 54. Sociedad Hermanos de la Caridad. Artes Gráficas Industriales Limitada. Barranquilla, Colombia.

  • COLOMBIA AL DÍA. Plaza y Janet.

  • PRESIDENTES DE COLOMBIA. Plaza Vega, Alfonso

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Huellas de los masones en la Revolución de Mayo de 1810. Por Sylvia Ruiz Moreno


Sylvia Ruiz Moreno


Hace muchos años era un hecho controversial, pero hoy día poco sorprende a profesionales y aficionados a la historia argentina, el reconocimiento de que los próceres de la Revolución de Mayo de 1810 eran, en su mayoría, masones.
Muchos historiadores académicos prefieren omitir esta dimensión del acontecimiento porque no existen suficientes documentos que prueben la acción de las logias en la formación del Primer Gobierno Patrio. Se sabe que las logias existieron, se conoce la participación en ellas de los revolucionarios, pero el secreto de las actas y todo lo dicho en Logia hace que no dispongamos de información más precisa. Esta escasez de datos da pie a los que subestiman la contribución masónica o la reducen a la posibilidad que brindaban los talleres de actuar en forma clandestina.
Aunque los documentos oficiales falten, la ciencia histórica ha sabido prosperar en base a otro tipo de fuentes, cuya interpretación demuestra no solamente la presencia sino también las manifestaciones de la obra masónica. Los que además, hemos sido Iniciados, podemos comprender señales que para los Profanos permanecen veladas: de eso se trata la propuesta que hemos redactado.
Tras una breve mención de los orígenes de la Masonería en Argentina, nos aproximamos a la tan breve como intensa obra de Mariano Moreno, para establecer en su escritura y en su acción, la existencia de huellas de los masones en 1810.
Las primeras logias y su presencia en los sucesos de Mayo
La constitución de la Masonería Regular en la Argentina es una derivación de la Organización Nacional –a la que por otra parte los masones contribuyeron de manera decisiva- y se produjo el 11 de diciembre de 1857 e.: v.:. Pero logias masónicas en el territorio que luego integrará la nación Argentina existen, al parecer, desde el siglo XVIII.
Según Alcibíades Lappas en el archivo de la Gran Logia de Inglaterra consta que el 17 de abril de 1735 fue designado el caballero Randolph Took como Gran Maestre Provincial para América del Sud, y se sabe que por esos años (entre 1735 y 1737) Took se hallaba en Buenos Aires realizando negocios.
Posteriormente, se sabe que a fines del siglo XVIII (probablemente en 1797) existía en esa ciudad una logia llamada Independencia, que obtuvo su Carta Constitutiva de la Grande Loge Genérale Ecossaise de France –que a partir de 1805 se integró al Gran Oriente de Francia- y a la que pertenecieron Mariano Moreno, Juan José Paso y Manuel Belgrano.
También a fines del siglo XVIII el portugués Juan de Silva Cordero funda la Logia San Juan de Jersusalén de la Felicidad, con Carta Constitutiva de la Gran Logia de Maryland. Durante las Invasiones Inglesas, según el relato del historiador masónico Lappas, se formaron Logias con Cartas Constitutivas de la Gran Logia de Irlanda, y sus miembros levantaron a su vez las Logias Hijos de Hiram y Estrella del Sur.
Emilio Corbière analiza en sus dos tomos sobre La Masonería aspectos de la polémica historiográfica en torno a la masonería en la emancipación continental, que adquiere un gran dinamismo a partir de la fundación de la Logia Lautaro de Buenos Aires en 1812 integrada por los viajeros de la fragata George Canning, entre los que se encontraba José de San Martín. Mucho se ha dicho sobre el carácter operativo de las logias lautarinas y su grado de compromiso con la masonería. Pero eso deberá ser motivo de otra plancha.
También las irradiaciones que dejó la impronta de Mariano Moreno en los que sobrevivieron a su derrota política y dudosa muerte en alta mar. Es poderosamente llamativo que los morenistas fundaran nuevas logias y tuvieran una acción extendida en el tiempo que fue crucial para alcanzar la Independencia, figuras que quedaron en una nebulosa historiográfica y merecen ser recuperadas, como Julián Álvarez y Juan José Paso. Es curioso también, lo poco que se ha dicho sobre la impronta masónica de la Primera Junta de 1810, en la que la mayor parte de sus miembros, como señala en un artículo recientemente publicado, Antonio Las Heras. Por eso creemos que es necesario concentrarnos en esos meses violentos, convulsionados, plagados de pasiones y razones, en los que se engendró nuestra República.
Cómo ser Masón en el mundo Profano
Una discusión clásica entre los historiadores discurre sobre las causas de la Revolución de Mayo: ¿Independencia de España o abolición del monopolio comercial? ¿Intereses criollos o intereses británicos en el Río de la Plata? Ciertamente, los argumentos que proponen los historiadores se basan en datos, lo que nos sugiere que algo de todo eso siempre hay en el abanico de la pluricausalidad de las acciones sociales.
Entre todos esos intereses que confluyeron, había un programa común a todos los masones que actuaban en América desde el siglo XVIII: Independencia. La instauración revolucionaria del reinado de Fernando VII tras el Motín de Aranjuez (17 de marzo de 1808 e.: v.:) y la ocupación napoleónica del trono español precipitaron los acontecimientos que se venían proyectando con anterioridad.
Entonces, comenzaron a distinguirse dos grupos revolucionarios, cuya diferenciación no puede comprenderse cabalmente sin conocer su pertenencia masónica. La obra de Alfonso Fernández Cabrelli nos ofrece una investigación valiosísima en esta dirección. Este autor nos habla de una tendencia de masones más moderados, que relaciona con las logias constituidas con Cartas Patente inglesas, cuyos miembros acompañarán las decisiones del Presidente de la Junta, Cornelio Saavedra –sobre cuya Iniciación ha habido una gran discusión historiográfica, pero Antonio Las Heras afirma que se ha probado por datos conservados por sus descendientes-. Frente a ellos, siempre con un objetivo común, que es el de la Independencia Americana, se fue aglutinando un grupo de masones de logias con Carta Patente francesa, alrededor de Mariano Moreno.
Lo que puede llevar a la confusión es que posteriormente, el lautarismo introducido en Buenos Aires, como se ha dicho desde 1812, tiene un origen inglés, en la Gran Reunión Americana de Londres, formada por Francisco Miranda, el gran precursor de la independencia en todo el continente americano. Los morenistas participaron del proyecto operativo de la Logia Lautaro para derrotar a los españoles (el Cruce de los Andes), como explica Rodolfo Terragno. Pero antes de que desembarcara el lautarismo en el Río de la Plata, existió una controversia muy importante para la fundación de nuestra República. Esa controversia puede ser entendida desde una perspectiva masónica.
Mucho se ha hablado de las diferencias entre Moreno y Saavedra, que fueron oscurecidas mediante explicaciones simplistas como las diferencias generacionales, la perspectiva del abogado teórico frente al militar práctico, incluso la ocurrencia de que Moreno originó el partido unitario y Saavedra el partido federal, y por supuesto, celos personales y puja de poder.
Lo que ofrecemos aquí como propuesta para incorporar a la polémica historiográfica es una lectura diferente, basada en la investigación del historiador Fernández Cabrelli: dos maneras de ser masón en el mundo Profano. Podemos creer que los masones moderados priorizaron el secreto, la cautela y la moderación que es prédica masónica, para proteger el objetivo operativo: el gobierno autónomo.
Mariano Moreno en cambio, guardando los debidos recaudos del lenguaje para mantener la discreción del trabajo de Taller, trasladó las irradiaciones de su iluminación espiritual al trabajo operativo. Para Moreno no era suficiente con lograr la independencia, los ciudadanos debían también participar en ella.
Esto nos conduce a las razones de la lucha por la Independencia en la masonería. Sin independencia y sin democracia, solamente pueden ser masones un conjunto de privilegiados de las Cortes, o como en la época de la masonería operativa medieval, expertos artesanos cuyo conocimiento específico y codiciado los protegía de la opresión monárquica. Pero la Masonería aspira al bienestar de la Humanidad, y por lo tanto, a que la libertad de los hombres no sea un privilegio.
Aunque no todos los masones lo comprenden así, cuando se cree que la Masonería no es un privilegio, y que el bienestar de la Humanidad se alcanza cuando todos los hombres y mujeres se reconocen mutuamente como seres libres e iguales, está claro que la conquista de la Independencia es un paso insoslayable en ese camino.
Probablemente Mariano Moreno creyó que no bastaba con que los ciudadanos del Río de la Plata pudieran ser libres e iguales, sino que además debían experimentar los alcances de la libertad y la igualdad. Y quizás esa creencia férrea le costó la vida.
Todo esto deberá ser materia de un análisis más profundo que el que propone esta plancha, pero para muestra de lo que estamos diciendo, traemos a la mirada de los QQ\HHos\y HHas\algunos fragmentos del último escrito político de Mariano Moreno, que selló su fin. El decreto de Supresión de Honores:
“En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de aquellos prestigios, que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos, para sofocar los sentimientos de la naturaleza. Privada la multitud de luces necesarias, para dar su verdadero valor a todas las cosas; reducida por la condición de sus tareas a no extender sus mediaciones más allá de sus primeras necesidades; acostumbrada a ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo que deslumbra a los demás, y los separa de su inmediación, confunde los inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan, y jamás se detiene en buscar al jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el boato y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido. [...]
“Es verdad que, consecuente al acta de su erección, decretó al Presidente, en orden de 28 de mayo, los mismos honores que antes se habían dispensado a los virreyes; pero esto fue un sacrificio transitorio de sus propios sentimientos, que consagró al bien general de este pueblo. La costumbre de ver a los virreyes rodeados de escoltas y condecoraciones habría hecho desmerecer el concepto de la nueva autoridad, si se presentaba desnuda de los mismos realces; [...]
“Un remedio tan peligroso a los derechos del pueblo, y tan contrario a las intenciones de la Junta, no ha debido durar sino el tiempo muy preciso, para conseguir los justos fines que se propusieron. Su continuación sería sumamente arriesgada, pues los hombres sencillos creerían ver un virrey en la carroza escoltada, que siempre usaron aquellos jefes; y los malignos nos imputarían miras ambiciosas, que jamás han abrigado nuestros corazones. Tampoco podrían fructificar los principios liberales, que con tanta sinceridad comunicamos, pues el común de los hombres tiene en los ojos la principal guía de su corazón, y no comprenderían la igualdad que les anunciamos, mientras nos viesen rodeados de la misma pompa y aparato con que los antiguos déspotas esclavizaron a sus súbditos.
“La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad; y este cántico maquinal es muy compatible con las cadenas y opresión de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. Si me considero igual a mis conciudadanos, ¿por qué me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo? Mi superioridad sólo existe en el acto de ejercer la magistratura, que se me ha confiado; en las demás funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho a otras consideraciones, que las que merezca por mis virtudes.”
Creemos ver en estas palabras, cómo Mariano Moreno abre, simbólicamente, las Tres Ventanas del trabajo de Taller en Segundo Grado, para brindar a “la multitud”, con herramientas Profanas, “luces necesarias, para dar su verdadero valor a todas las cosas”. La “ventana del Mediodía”, de la luz interior, está expresada el supuesto en el que fundamenta la igualdad, cuando dice: “si me considero igual a mis conciudadanos...”. Pero Moreno sabe que, por no ser Iniciados, sus conciudadanos pueden no haber accedido a esa iluminación de su igualdad interior, y sólo pueden recibirla a través de la Ventana de Occidente, que coincide con las Puertas del Templo, la del mundo exterior: “pues el común de los hombres tiene en los ojos la principal guía de su corazón, y no comprenderían la igualdad que les anunciamos, mientras nos viesen rodeados de la misma pompa y aparato con que los antiguos déspotas esclavizaron a sus súbditos”. La Ventana de Oriente, de la realidad metafísica, por último, es la Piedra Fundamental del Decreto de Supresión de Honores, expresado con fórmula de Ley Universal: “Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad”.
Así Mariano Moreno llevó la Luz Masónica a sus conciudadanos, así dejó una estela que acompañaría a Belgrano, Castelli, Paso, y Pueyrredón, que cruzaría el Río de la Plata con José Artigas y cruzaría los Andes con José de San Martín. Una estela luminosa que todavía hoy depara enseñanzas valiosas a los Masones del Siglo XXI.


Bibliografía
Corbière, Emilio (2004) La masonería. Política y sociedades secretas. Buenos Aires, De Bolsillo.
Corbière, Emilio (2001) La masonería II. Tradición y Revolución. Buenos Aires, Sudamericana.
Fernández Cabreli, Alfonso (1982) Masonería, morenismo, artiguismo. Presencia e influencia de la francmasonería en los movimientos independentistas del Río de la Plata. Montevideo, América Una.
Lappas, Alcibíades (2000) La Masonería Argentina a través de sus hombres. Buenos Aires.
Las Heras, Antonio (2008) “Los masones del 25 de Mayo”. En: Perfil, domingo 25 de mayo de 2008, p.p. 14-15.
Lavagnini, Aldo (2006) Manual del Compañero. Buenos Aires, Kier.
Moreno, Mariano (1953) “Decreto de Supresión de Honores al Presidente de la Junta, del 8 de diciembre de 1810”. En Rumbos de una Nación. Buenos Aires, W. M. Jacson Inc. editores.
Onsari, Fabián (1951) San Martín, la Logia Lautaro y la francmasonería. Avellaneda.
Terragno, Rodolfo (1998) Maitland & San Martín. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes.

lunes, 8 de junio de 2009

Masonería y Feminismo. Sobre una nota de la Revista Ñ


Lic. Ricardo Romero

Especialista en Masonería

Centro de Estudios para la

Gran Reunión Americana

La Revista Ñ publicó una nota de color, comentando la agitada crítica que realizaba una ferviente militante feminista de pelo color rojo (Cecilia Lipsick) durante una presentación de candidatos y candidatas del Encuentro Popular para la Victoria, y las apreciaciones de María José Lubertino sobre la masonería y las mujeres. Al respecto, me gustaría realizar algunos comentarios de alusión.

Es claro, que producto de la tradición masónica, originariamente de las cofradías de trabajadores y albañiles constructores de catedrales, las Logias Regulares están formadas por Hombres. Algo que se cristaliza en los Landmark de 1717, donde se prohíbe el ingreso a las mujeres. Sin embargo, como todas las instituciones de la humanidad, fueron progresando a cambios que replantean el rol de las mujeres.

De hecho, cuando reclamo el estudio de la masonería en el proceso de la independencia americana, y especialmente en argentina, donde sus principales referentes se inspiraban en la escuadra y el compás, también alerto sobre el rol como “Guarda Templo Externo” que tenían algunas mujeres, como Mariquita Sánchez Thompson, quienes cubrían el Templo para que personajes como Belgrano, Castelli, Moreno, Monteagudo, Vieytes, Liniers, entre otros, pudieran llevar las Tenidas emancipatorias.

A su vez, cabe aclarar, que en la actualidad, existen mujeres libres y de buenas costumbres, que organizaron logias femeninas que reproducen los rituales de práctica de la masonería regular. Inspiradas en la búsqueda de la libertad y el conocimiento, en nuestro país funcionan desde el 2002, cuatro Logias agrupadas en la denominación de la Gran Logia Femenina de la Argentina.

Incluso, recientemente, se ha formado en Argentina dos Logias que aceptan mujeres, una en Misiones, Filantrópica Nº 41, y otra en Buenos Aires con el nombre de Fraternidad Nº 42 que dependen del Gran Oriente Latinoamericano con sede en Uruguay; y a su vez funcionan diferentes ritos con Logias mixtas e incluso existe El Derecho Humano, que la Orden Masónica Mixta Internacional que funciona solamente con varones y mujeres.

En este sentido, es incorrecto afirmar que en la masonería no se admiten las mujeres. Sino, que existe una práctica tradicional regular y las modernas que permiten la participación de mujeres o el trabajo conjunto. Así como existe en diversas actividades existen las ramas masculinas, femeninas y mixtas. Es claro, que actualmente la masonería abre sus puertas a quienes quieran practicar una forma de vida de reflexión filosófica, labor filantrópica y acción progresista.

domingo, 24 de mayo de 2009

La participación de la masonería el 25 de Mayo de 1810

La participación de la masonería el 25 de Mayo de 1810

La Plata - Durante años, la participación de la masonería -organización discreta no secreta- en los sucesos de mayo de 1810, ha sido objeto de múltiples discusiones y no menos desencuentros. Sin embargo, se puede afirmar sin temor a equívoco, que a la Masonería Rioplatense de la época, no sólo le cupo una decidida acción en dichos acontecimientos, sino además, que su intervención resultó decisiva para el éxito del movimiento revolucionario. Sus lemas fueron la Libertad, la Igualdda y la Fraternidad.

Conmemorar la Revolución de Mayo de 1810, conlleva la necesidad de rescatar los tres aspectos etimológicos del vocablo: Hacer memoria, Honrar la memoria y Hablar de esa memoria.
Tradicionalmente, los homenajes a la fecha patria, reconocen sólo dos de estos aspectos: el honrar y el hablar -triada filofófica y básica-. En efecto si se repasan tanto los desarrollados a nivel educativo como luego los institucionales, observamos que, básicamente se dirigen a reivindicar la figura de los protagonistas, honrando así su memoria o a mencionar circunstancias, las más de las veces anecdóticas y pueriles sobre el acontecimiento, hablando de esta manera del acontecimiento, sin llegar casi nunca al tercer y más importante aspecto, es decir el Hacer o el Construir la memoria del hecho Revolucionario.
Se advertirá que, a esta última finalidad se aviene con particular eficacia no sólo la definición vulgar de la voz “triada”, sino la complementaria y enriquecida del neoplatonismo, que ve en la misma, a más del conjunto de tres cosas o personas, la unión del ser, la inteligencia y el alma de las cosas y los acontecimientos (4).
La utilización del ternario, sus diversas acepciones y derivaciones en el trabajo de esta noche, no han de verse únicamente como juego dialéctico, etimológico o simbólico, sino como un medio particularmente masónico de edificar la memoria de la Revolución de Mayo 1810, a partir de un conjunto de triadas, usualmente pasadas por alto, y de las cuales, la primera, está dada por la propia estructura del acta suscripta entonces que consta en el Cabildo, la que analiza sólo tres aspectos del hecho histórico, en el siguiente orden: antes que nada, sus antecedentes, en segundo lugar la Revolución en sí, y finalmente, la participación en dicho movimiento.

Algunos de sus Antecedentes.
Razón le asiste a Felipe Pigna cuando afirma que “los hechos de Mayo son absolutamente inexplicables sin la comprensión necesaria de la situación europea”(5).
Una triada de nombres, usualmente no mencionados, pueden constituir un primer modo de acercamiento a la comprensión de aquella situación. Nos referimos a JAMES WATT, MANUEL GODOY y a Doña CARLOTA JOAQUINA.
El primero, nacido en Birmingham, Inglaterra, el 19 de enero de 1.736, aprendió de su padre el uso de las herramientas y útiles náuticos. A la vez, su pasión por las matemáticas lo trasladó a Londres, lugar donde a más de la docencia, pudo dedicarse al estudio de los usos y aprovechamiento del vapor, logrando desarrollar la “máquina de vapor” que le daría celebridad. La genial invención habría de difundirse inmediatamente en Gran Bretaña, pasando luego a Francia y al resto del continente europeo. Este hecho tecnológico significó el nacimiento de la industrialización a gran escala, de la producción en masa, a la vez que cimentó el afianzamiento del capitalismo; circunstancias todas que confluyeron a gestar el fenómeno universalmente conocido como “revolución industrial”, operándose a partir de la misma los más profundos cambios no sólo en lo económico, sino también en lo político y en lo social.
En lo que hace al tema que nos ocupa, creemos que lejos habría de estar nuestro James Watt de tal siquiera imaginar que este movimiento, derivado de su inventiva y amor a la mecánica, devendría en lo inmediato en el conflicto entre Inglaterra y Francia por el control de los mercados y tendiente a plasmar la preeminencia económica de alguna de las dos potencias. La necesidad de ubicar los productos, ahora fabricados masivamente, y la de asegurar las materias primas necesarias para su elaboración, involucran en la disputa a la América Hispana, tanto como potencial adquirente de los primeros, como proveedora de las segundas.
El segundo, Don Manuel Godoy, natural de Badajoz, nacido el 12 de mayo de 1.767 supo desde joven granjearse la simpatía de la Corte Española, al extremo de que a los 22 años se erige en el favorito del Rey Carlos IV y amante de su esposa, la reina María Luisa. Desde tan privilegiada posición, puede decirse que desde 1.789 maneja los destinos de España para contento de sus amigos y desgracia de sus enemigos. Entre aquellos deben contarse a los partidarios de las luces y de la educación y entre los últimos a los ultramontanos, sostenedores del poder eclesiástico. A la vez que puso freno a la inquisición, permitió el regreso a España de los judíos, propulsó la educación creando Colegios y Universidades entre las que destacan el real Colegio de Medicina, el Cuerpo de Ingenieros y la Escuela de Veterinaria. Sin embargo, la posteridad ha de recordarlo como el responsable directo de la caída del reino español en manos de Napoleón, luego de las vergonzosas abdicaciones de Bayona que culminaron con el alejamiento de Carlos IV y posteriormente de su hijo Fernando VII.
Tampoco creemos que por la mente del “favorito” Godoy, pasara que tras la pérdida de España, de alguna manera por él permitida, se facilitaría en gran medida la tarea emancipadora americana, al darle a los patriotas su más sólido argumento ideológico-jurídico, basal de la civilización occidental: La desaparición de la metrópoli revertía la soberanía en el pueblo, el que a partir de ese momento, tenía el derecho de darse un nuevo gobierno.
La tercera, Doña Carlota Joaquina, hija de Carlos IV, hermana de Fernando VII, nacida en 1.755 y casada con Juan VI de Portugal, en la idea, concebida por Floridablanca, de afianzar la unión entre España y Portugal, supo distinguirse como mujer enérgica, interesada en los asuntos públicos y de grandes ambiciones. La invasión napoleónica a Portugal en 1.807 hizo que la Corte Portuguesa se trasladase a Brasil, instalándose en Río de Janeiro e intentando extender sus dominios al Virreinato del Río de la Plata. Su condición de única miembro de la familia real española en libertad, alimentaron sus ansias en tal dirección, no habiendo sido pocos sus partidarios entre los patriotas de mayo.(6)
No pensamos que la Infanta haya presupuesto, que la prodigalidad de sus ambiciones, señalase a los Americanistas del Plata la necesidad de acortar los plazos y acelerar las decisiones, en vistas de una situación europea que, a 1.810 se presentaba como inmejorable a sus designios independentistas.
El análisis de los antecedentes, obliga a considerar también la influencia que sobre los acontecimientos de Mayo de 1.810 debe atribuirse al “absolutismo español”. El estudio del mismo nos permite arriesgar una nueva “triada”, ya que como bien señala Juan González Calderón, el absolutismo de España se manifestaba en lo político, lo económico y lo religioso. (7)
El absolutismo político, instrumentado por el nombramiento de las autoridades ejecutivas y administrativas por el rey; la legislación de Indias dictada en la Metrópoli, con expresa prohibición de representación popular alguna que significase la participación de los naturales, tendía a la formación de dóciles vasallos en vez de ciudadanos libres. Esto, sumado al desprecio de que eran objeto los americanos por parte de los españoles europeos, fue produciendo una diferenciación en dos clase sociales que tendrían la oportunidad de enfrentarse en el movimiento de mayo.
El absolutismo económico, caracterizado por restricciones injustificadas al comercio y un sistema fiscal opresivo, imponía a las colonias el peso de una metrópoli que se reservaba para sí altos lucros en la intermediación con la nueva Europa industrial, negando a sus dominios americanos la posibilidad de un contacto directo con ella, con la consiguiente doble ventaja que este hecho hubiese implicado, primero en cuanto al pago de menores precios de importación, y segundo por la mayor ganancia derivada de la exportación de los productos locales.
El tercer elemento de esta triada, el absolutismo religioso, implantado a través de la legislación indiana, que hería al americano en lo más profundo de su ser, violentando arbitrariamente su libertad de conciencia. Basta recordar la Ley 28, lib. 1º, tít. 1 que establecía la confiscación de la mitad de los bienes a todo aquel que muriese sin “confesar devotamente sus pecados y recibir el santísimo sacramento de la Eucaristía, según lo dispone nuestra Santa Madre Iglesia”. En sentido similar, la Ley 15, lib. 1º, tít. 24, disponía “que no se concedan licencias para imprimir libros en sus distritos y jurisdicciones, de cualquier materia o calidad que sean, sin proceder la censura, conforme está dispuesto y se acostumbra”.

La Revolución
A modo de introito, vaya una triada de citas:
“En el mes de mayo, me mandaron llamar mis amigos de Buenos Aires, diciéndome que era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada, volé a presentarme y hacer cuanto estuviese a mis alcances”. Manuel Belgrano.(8)
“La Revolución de Mayo de 1810, es el acontecimiento más importante ocurrido en estas tierras en el siglo XIX . . . marcó el comienzo de trascendentes transformaciones políticas, sociales, culturales e ideológicas en la sociedad rioplatense”. Félix Luna. (9)
“Los sucesos de Mayo merecen ser estudiados en sus menores detalles. Anuncian la alborada espléndida de una nación de inmenso porvenir”. Alberto Palcos.(10)
Remarcada por los citados la importancia del tema, antes de su desarrollo, concédaseme una licencia a fin de poder remontarme brevemente a la etimología de la voz “mayo”. Es posible que estas breves separatas del tema principal aparezcan como ociosas, pero al rescatar la importancia de esta ciencia como “historia de las palabras”, de hecho que la misma puede ayudarnos a desentrañar los primeros conceptos de los vocablos. En tal sentido, recordemos que el mes de mayo es el tercero del calendario masónico y quinto del gregoriano. De sus orígenes latinos rescatamos la voz “maius” de significación mes de “maia”, Diosa de la primavera entre los antiguos romanos, lo que aseguraba a su mes la prodigalidad en dones. De allí, la tal vez inconsciente coincidencia con la precedente cita de Palcos en cuanto a la palabra “alborada”, utilizada por éste a modo de nacimiento o génesis de la nueva Nación.
Disgresiones aparte, cabe ahora adentrarnos en el tema de fondo: “La Revolución”.
En aras del orden propuesto en el epígrafe, se propone a los lectores una primera triada para la consideración del hecho revolucionario. Partiendo de la llegada al Puerto de Montevideo de la fragata inglesa “John Paris” el día 13 de mayo, con la noticia de la caída de Sevilla en manos de Napoleón, se precipitan los acontecimientos en Buenos Aires, en una sucesión cronológica de tres fechas de cuyo análisis no podemos prescindir: el Cabildo Abierto del día 22, la Contrarrevolución y el Cabildo del 25.
La primera, la del cabildo del 22. Antes y más allá de su trascendencia en orden al resultado de su decisorio, debe rescatarse por su valor como expresión primigenia de la soberanía popular en esta parte de la América. De los 450 invitados, concurrieron 251, de los cuales 94 eran comerciantes, vecinos y hacendados, 93 empleados y funcionarios, 60 jefes y oficiales de mar y tierra, 27 profesionales liberales y 25 clérigos y frailes. La cuestión medular a determinar era responder al interrogante de saber “si se ha de subrogar otra autoridad a la superior” que ejercía el virrey en nombre de Fernando VII, y en caso afirmativo, ¿en quién debía recaer la designación?. No viene a cuento reseñar las largas discusiones sobre el particular, sino enfocar la atención sobre los aspectos más relevantes del debate, rescatando al efecto una triada de oradores, que resumen las distintas posiciones. Al primero que nos referimos es al Obispo Benito de Lué y Riega, quien enfáticamente negó el derecho de los americanos para hacer innovaciones en el gobierno, rescatando el hecho de que las Indias eran propiedad de España y de sus hijos quienes eran los únicos con derecho a gobernarlas. La soberanía del gobierno residía en España y era privativa de españoles. Correspondió a los masones Castelli y Paso rebatir dichas argumentaciones y sentar con singular acierto la doctrina de la autodeterminación soberana de los pueblos. Castelli, formado en Chuquisaca, ilustrado tanto en las doctrinas de la soberanía popular de Domingo de Soto, Francisco Suarez y Francisco de Vitoria, conocía por otro lado las más modernas concepciones contractualistas de Rousseau, Hobbes y Locke. Sostuvo en la oportunidad que habiendo caducado la España, con ella también lo han hecho sus autoridades, correspondiendo en consecuencia al pueblo reasumir la soberanía y designar las autoridades que estime convenientes a sus intereses. Como bien señala González Calderón (11), correspondió a Paso completar la exposición fundando la legitimación de Buenos Aires para actuar en nombre de todo el Virreinato, cuando sobre el particular señaló que “así como los hermanos o los amigos podían tomar legítimamente el negocio ajeno para beneficiar al ausente . . ., así una capital o un pueblo enterado del peligro común, tenía la facultad y el derecho de tomar la gestión del asunto, sin perjuicio de someterse después a la aprobación de sus condóminos o consocios . . .”. Las exposiciones reseñadas, fundantes de una nueva concepción referida al ejercicio de los derechos políticos, fue aprobada con amplitud, estableciéndose que el virrey debía cesar en el mando.
El segundo aspecto de la triada se vincula con la contrarrevolución orquestada desde el Cabildo, el que desconoció el pronunciamiento del pueblo a instancias de elementos realistas y reaccionarios, estableciendo en contra de lo expresamente decidido, una Junta de Gobierno encabezada por el Virrey antes depuesto.
Si bien los sucesos del 25 son ampliamente conocidos, no podemos dejar de remarcar que sólo la decidida acción del grupo patriota impidió la concreción de la maniobra contrarrevolucionaria, instaurando lo que la posteridad ha conocido como el “primer gobierno patrio”, objeto de esta conmemoración.
No podemos cerrar el capítulo revolucionario, sin mencionar una triada de sus efectos, que como principios básicos informan la Constitución de la Nación y constituyen los pilares sobre los que descansa nuestro sistema republicano: la soberanía popular, el sistema federal y el principio representativo.

La Participación Masónica.
Durante años, la participación de la masonería en los sucesos de mayo de 1810, ha sido objeto de múltiples discusiones y no menos desencuentros. Sin embargo, se puede afirmar sin temor a equívoco, que a la Masonería Rioplatense de la época, no sólo le cupo una decidida acción en dichos acontecimientos, sino además, que su intervención resultó decisiva para el éxito del movimiento revolucionario.
La aparición de nuevas obras sobre el tema, la reconsideración de antiguas fuentes documentales y la tarea de jóvenes investigadores deseosos de profundizar esta cuestión, han contribuido grandemente a echar luz sobre el particular. Así por ejemplo, un muy documentado trabajo de Enrique de Gandía, el examen minucioso de la autobiografías de Saavedra, Belgrano y Guido y los más recientes estudios de Patricia Pasqualli, permiten arribar a la ya esbozada conclusión de que: la actuación de las logias y de los masones del Río de la Plata fueron determinantes en los acontecimientos de Mayo de 1.810.
Para el estudio del tema, podríamos arriesgar una última triada, siguiendo el orden siguiente: -El Estado de la Masonería en el Río de la Plata a principios del siglo XIX-; -La Actuación de los Patriotas Masones- y -la Identidad entre el Ideario Revolucionario y el Masónico-.
En la “Independencia de América y las Sociedades Secretas”, Enrique de Gandía (12) realiza un pormenorizado análisis sobre el primer aspecto. Sostiene que para 1810, la masonería había adquirido importante desarrollo en Buenos Aires. Entre los testimonios citados, figura el del General Enrique Martínez, el que en carta a Andrés Lamas declara que “desde época remota existía la sociedad masónica y Peña y Vieytes pertenecían a ella”. La época a la que refiere es la del Virrey Sobremonte, cuando la logia fue descubierta a raíz de una fuerte tormenta que arrastró mandiles y demás ornamentos. Agrega el General que la Jabonería de Vieytes era el lugar donde se reunía la logia “Amigos de la Libertad”.
Tales circunstancias hacen que Gandía arriesgue que ya para 1.795 existían trabajos masónicos en la capital del virreinato. Menciona a la muy conocida Logia San Juan de Jerusalén fundada en 1.804 por Juan de Silva Cordeiro, y cita a Ignacio Núñez, que en sus recuerdos afirma que las Invasiones Inglesas contribuyeron grandemente al fortalecimiento de la labor masónica.
Por su parte, Francisco Grilló, en sus “Episodios Patrios”, revela una comunicación de la Gran Logia de Versalles de 1795, dirigida a la Logia Independencia de Buenos Aires. Sobre esta misma Logia, el Coronel inglés Santiago Burke, narra que cuando se iba de la ciudad en 1809, fueron a despedirlo “un número de las principales personas del lugar, mis viejos amigos de Independencia”.
El General Miller, de hecho poco afecto a la masonería, escribe en sus “Memorias”: “un club, llamado la logia, se ha introducido con el objeto ostensible de promover la emancipación de la América Española . . .”(14).
Los testimonios citados, revelan que a la fecha del movimiento emancipador, la masonería era importante en Buenos Aires y se expresaba a través de varias logias, entre las cuales, las más conocidas históricamente han sido la San Juan de Jerusalén, la Independencia o Amigos de la Libertad y la Sociedad de los Siete, todas anteriores a la Lautaro..
La importancia del estudio de la segunda cuestión, referida al accionar de los patriotas masones, queda de manifiesto por el protagonismo que los mismos tuvieron durante los sucesos revolucionarios y en la conformación de la Primera Junta de Gobierno.
Los autores citados, a los que podemos sumar el Dean Funes, Zinni y Alcibíades Lappas, coinciden en cuanto a la pertenencia masónica de: Saavedra, Belgrano, Moreno, Matías Irigoyen, Donado, Chiclana, Paso, Castelli, Nicolás Rodríguez Peña, Berutti, Guido y Vieytes, entre otros muchos (15). Muchos atentos lectores podrán advertir que los masones enunciados fueron los principales protagonistas del cabildo del 22, se los sucesos posteriores y del gobierno emanado del movimiento revolucionario.
Más que ilustrativo respecto al rol de la Orden y de los masones resulta el testimonio del General Tomás Guido, quien en sus Memorias revela tales circunstancias de modo insuperable, atendiendo a su condición de protagonista. Dice el ilustre militar y masón respecto a la tarea de los masones al tomar éstos conocimiento de la pretendida contrarrevolución: “En la tarde del mismo día fue publicado por bando el acuerdo clasificado de popular, proclamando una junta compuesta del Virrey Cisneros como presidente y de los señores Saavedra, Castelli, Sola e Inchaurregui. El pueblo pareció satisfecho de esta elección y los españoles se felicitaron de haber salvado del peligro de un trastorno fundamental viendo triunfante la autoridad del Virrey. Muy diferente sensación produjo tal inesperado desenlace en el club reunido a las ocho de la noche en la casa del señor Peña… Era pues necesario deshacer lo hecho, convocar nuevamente al pueblo y obtener del cabildo se prestase a reconsiderar ante otra reunión popular la sanción de la víspera… Se aproximaba el alba sin que aún se hubiese convenido sobre los elegibles. Hubo un momento en que se desesperó de encontrarlos. Gran zozobra y desconsuelo para los congregados en ese gran complot de donde nació la libertad de la República. La situación cada vez presentaba un aspecto más siniestro. En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del Regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias, observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie y súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido de su sangre generosa, entró en la sala del club (el comedor de la sala del señor Peña), y lanzando una mirada altiva en rededor de sí y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada: ¡ Juro dijo, a la Patria, y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde el Virrey no hubiese sido derrocado, a fe de caballero yo lo derrocaré con mis armas¡… Luego todos volvieron a ocuparse de los candidatos y cuando parecía agotada la esperanza, don Antonio Berutti pidió se le pasase papel y tintero y como inspirado de lo alto, trazó sin trepidar los nombres de los que compusieron la Primera Junta.”(16).
El tercer aspecto de esta última triada, refiere a la identidad entre el ideario de Mayo y el masónico.
Si reflexionamos un minuto sobre el simbólico y bello aserto del Libro de la Ley Sagrada - la Biblia-: “. . .por sus frutos los conoceréis”, no ha de resultar una temeridad afirmar que lo que el movimiento revolucionario de mayo produjo y plasmó en la sociedad civil, no fue más que la manifestación externa del ideario humanístico de la masonería, sintetizado en su lema de LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD.
El denominado “Espíritu de Mayo”, como ya se dijera, base y programa del ordenamiento constitucional argentino, reconoce como su más importante fuente a las enseñanzas de la masonería vinculadas con la soberanía popular, la autodeterminación de los pueblos, la igualdad jurídica, la división de poderes, la representación, las libertades de pensamiento, expresión y conciencia, tan largamente trabajadas y estudiadas en la serenidad de los templos y bellamente labradas en el corazón de cada masón.
Para los masones, el “Espíritu de Mayo”, encarnación político-institucional del “Espíritu Masónico”, debe ser motivo de permanente recordación entre nosotros; de la misma forma en que la conducta de quienes precedieron ha de ser motivo de emulación; pero como la obra comenzada en mayo de .810 lejos está aún de ser terminada, es obligación de la ciudadanía argentina, preparada para ser del mundo y abierta a los desafíos de sus tiempos, continuar con esos trabajos.

CITAS:
(1) Gómez de Silva, Guido, Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española, Fondo de Cultura Económica, Méjico, p. 691.
(2) Diccionario Universal Enciclopédico, Plaza y Janes editores, Barcelona, 1995.
(3) Bazot, M. , Manual de la Francmasonería, Angeres, 1845, Tomo II.
(4) Frau Aubrines y Rosendo Arúst Arderiú, Diccionario Enciclopédico de la Masonería, Editorial Kier, Buenos Aires, 1962, T 2, p. 862.
(5) Pigna, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina, Grupo Editor Norma, Buenos Aires, 2004, p. 218.
(6) Idem., p 220.
(7) González Calderón, Juan, Derecho Constitucional Argentino, J. Lajouane Editores, Buenos Aires, 1930, T 1, p. 3.
(8) Belgrano, Manuel, Autobiografía, en Los Sucesos de Mayo, Ed. Jackson, Buenos Aires, 1945, p. 117.
(9) Luna, Félix, Historia Integral de la Argentina, Ed. Planeta, T 5, p. 380.
(10) Palcos, Alberto, Prólogo a los Sucesos de Mayo, op.cit., p. XVIII.
(11) González Calderón, Juan, op.cit., p.17.
(12) De Gandía, Enrique, La Independencia de América y Las Sociedades Secretas, Ed. Sudamérica - Santa Fe, 1994, p. 118 y ss.
(13) Idem., p. 125.
(14) Miller, John, Memorias del General Miller, Ed. Emecé, 1997, p. 259.
(15) Lappas, Alcibíades, La Masonería Argentina a Través de sus Hombres, Buenos Aires, 1966.
(16) Guido, Tomás, Reseña Histórica de los Sucesos de Mayo, en Los Sucesos de Mayo, op.cit., p. 185 y ss.

Conmemorar la Revolución de Mayo de 1810, conlleva la necesidad de rescatar los tres aspectos etimológicos del vocablo: Hacer memoria, Honrar la memoria y Hablar de esa memoria.
Tradicionalmente, los homenajes a la fecha patria, reconocen sólo dos de estos aspectos: el honrar y el hablar -triada filofófica y básica-. En efecto si se repasan tanto los desarrollados a nivel educativo como luego los institucionales, observamos que, básicamente se dirigen a reivindicar la figura de los protagonistas, honrando así su memoria o a mencionar circunstancias, las más de las veces anecdóticas y pueriles sobre el acontecimiento, hablando de esta manera del acontecimiento, sin llegar casi nunca al tercer y más importante aspecto, es decir el Hacer o el Construir la memoria del hecho Revolucionario.
Se advertirá que, a esta última finalidad se aviene con particular eficacia no sólo la definición vulgar de la voz “triada”, sino la complementaria y enriquecida del neoplatonismo, que ve en la misma, a más del conjunto de tres cosas o personas, la unión del ser, la inteligencia y el alma de las cosas y los acontecimientos (4).
La utilización del ternario, sus diversas acepciones y derivaciones en el trabajo de esta noche, no han de verse únicamente como juego dialéctico, etimológico o simbólico, sino como un medio particularmente masónico de edificar la memoria de la Revolución de Mayo 1810, a partir de un conjunto de triadas, usualmente pasadas por alto, y de las cuales, la primera, está dada por la propia estructura del acta suscripta entonces que consta en el Cabildo, la que analiza sólo tres aspectos del hecho histórico, en el siguiente orden: antes que nada, sus antecedentes, en segundo lugar la Revolución en sí, y finalmente, la participación en dicho movimiento.

Algunos de sus Antecedentes.
Razón le asiste a Felipe Pigna cuando afirma que “los hechos de Mayo son absolutamente inexplicables sin la comprensión necesaria de la situación europea”(5).
Una triada de nombres, usualmente no mencionados, pueden constituir un primer modo de acercamiento a la comprensión de aquella situación. Nos referimos a JAMES WATT, MANUEL GODOY y a Doña CARLOTA JOAQUINA.
El primero, nacido en Birmingham, Inglaterra, el 19 de enero de 1.736, aprendió de su padre el uso de las herramientas y útiles náuticos. A la vez, su pasión por las matemáticas lo trasladó a Londres, lugar donde a más de la docencia, pudo dedicarse al estudio de los usos y aprovechamiento del vapor, logrando desarrollar la “máquina de vapor” que le daría celebridad. La genial invención habría de difundirse inmediatamente en Gran Bretaña, pasando luego a Francia y al resto del continente europeo. Este hecho tecnológico significó el nacimiento de la industrialización a gran escala, de la producción en masa, a la vez que cimentó el afianzamiento del capitalismo; circunstancias todas que confluyeron a gestar el fenómeno universalmente conocido como “revolución industrial”, operándose a partir de la misma los más profundos cambios no sólo en lo económico, sino también en lo político y en lo social.
En lo que hace al tema que nos ocupa, creemos que lejos habría de estar nuestro James Watt de tal siquiera imaginar que este movimiento, derivado de su inventiva y amor a la mecánica, devendría en lo inmediato en el conflicto entre Inglaterra y Francia por el control de los mercados y tendiente a plasmar la preeminencia económica de alguna de las dos potencias. La necesidad de ubicar los productos, ahora fabricados masivamente, y la de asegurar las materias primas necesarias para su elaboración, involucran en la disputa a la América Hispana, tanto como potencial adquirente de los primeros, como proveedora de las segundas.
El segundo, Don Manuel Godoy, natural de Badajoz, nacido el 12 de mayo de 1.767 supo desde joven granjearse la simpatía de la Corte Española, al extremo de que a los 22 años se erige en el favorito del Rey Carlos IV y amante de su esposa, la reina María Luisa. Desde tan privilegiada posición, puede decirse que desde 1.789 maneja los destinos de España para contento de sus amigos y desgracia de sus enemigos. Entre aquellos deben contarse a los partidarios de las luces y de la educación y entre los últimos a los ultramontanos, sostenedores del poder eclesiástico. A la vez que puso freno a la inquisición, permitió el regreso a España de los judíos, propulsó la educación creando Colegios y Universidades entre las que destacan el real Colegio de Medicina, el Cuerpo de Ingenieros y la Escuela de Veterinaria. Sin embargo, la posteridad ha de recordarlo como el responsable directo de la caída del reino español en manos de Napoleón, luego de las vergonzosas abdicaciones de Bayona que culminaron con el alejamiento de Carlos IV y posteriormente de su hijo Fernando VII.
Tampoco creemos que por la mente del “favorito” Godoy, pasara que tras la pérdida de España, de alguna manera por él permitida, se facilitaría en gran medida la tarea emancipadora americana, al darle a los patriotas su más sólido argumento ideológico-jurídico, basal de la civilización occidental: La desaparición de la metrópoli revertía la soberanía en el pueblo, el que a partir de ese momento, tenía el derecho de darse un nuevo gobierno.
La tercera, Doña Carlota Joaquina, hija de Carlos IV, hermana de Fernando VII, nacida en 1.755 y casada con Juan VI de Portugal, en la idea, concebida por Floridablanca, de afianzar la unión entre España y Portugal, supo distinguirse como mujer enérgica, interesada en los asuntos públicos y de grandes ambiciones. La invasión napoleónica a Portugal en 1.807 hizo que la Corte Portuguesa se trasladase a Brasil, instalándose en Río de Janeiro e intentando extender sus dominios al Virreinato del Río de la Plata. Su condición de única miembro de la familia real española en libertad, alimentaron sus ansias en tal dirección, no habiendo sido pocos sus partidarios entre los patriotas de mayo.(6)
No pensamos que la Infanta haya presupuesto, que la prodigalidad de sus ambiciones, señalase a los Americanistas del Plata la necesidad de acortar los plazos y acelerar las decisiones, en vistas de una situación europea que, a 1.810 se presentaba como inmejorable a sus designios independentistas.
El análisis de los antecedentes, obliga a considerar también la influencia que sobre los acontecimientos de Mayo de 1.810 debe atribuirse al “absolutismo español”. El estudio del mismo nos permite arriesgar una nueva “triada”, ya que como bien señala Juan González Calderón, el absolutismo de España se manifestaba en lo político, lo económico y lo religioso. (7)
El absolutismo político, instrumentado por el nombramiento de las autoridades ejecutivas y administrativas por el rey; la legislación de Indias dictada en la Metrópoli, con expresa prohibición de representación popular alguna que significase la participación de los naturales, tendía a la formación de dóciles vasallos en vez de ciudadanos libres. Esto, sumado al desprecio de que eran objeto los americanos por parte de los españoles europeos, fue produciendo una diferenciación en dos clase sociales que tendrían la oportunidad de enfrentarse en el movimiento de mayo.
El absolutismo económico, caracterizado por restricciones injustificadas al comercio y un sistema fiscal opresivo, imponía a las colonias el peso de una metrópoli que se reservaba para sí altos lucros en la intermediación con la nueva Europa industrial, negando a sus dominios americanos la posibilidad de un contacto directo con ella, con la consiguiente doble ventaja que este hecho hubiese implicado, primero en cuanto al pago de menores precios de importación, y segundo por la mayor ganancia derivada de la exportación de los productos locales.
El tercer elemento de esta triada, el absolutismo religioso, implantado a través de la legislación indiana, que hería al americano en lo más profundo de su ser, violentando arbitrariamente su libertad de conciencia. Basta recordar la Ley 28, lib. 1º, tít. 1 que establecía la confiscación de la mitad de los bienes a todo aquel que muriese sin “confesar devotamente sus pecados y recibir el santísimo sacramento de la Eucaristía, según lo dispone nuestra Santa Madre Iglesia”. En sentido similar, la Ley 15, lib. 1º, tít. 24, disponía “que no se concedan licencias para imprimir libros en sus distritos y jurisdicciones, de cualquier materia o calidad que sean, sin proceder la censura, conforme está dispuesto y se acostumbra”.

La Revolución Iluminista
A modo de introito, vaya una triada de citas:
“En el mes de mayo, me mandaron llamar mis amigos de Buenos Aires, diciéndome que era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada, volé a presentarme y hacer cuanto estuviese a mis alcances”. Manuel Belgrano.(8)
“La Revolución de Mayo de 1810, es el acontecimiento más importante ocurrido en estas tierras en el siglo XIX . . . marcó el comienzo de trascendentes transformaciones políticas, sociales, culturales e ideológicas en la sociedad rioplatense”. Félix Luna. (9)
“Los sucesos de Mayo merecen ser estudiados en sus menores detalles. Anuncian la alborada espléndida de una nación de inmenso porvenir”. Alberto Palcos.(10)
Remarcada por los citados la importancia del tema, antes de su desarrollo, concédaseme una licencia a fin de poder remontarme brevemente a la etimología de la voz “mayo”. Es posible que estas breves separatas del tema principal aparezcan como ociosas, pero al rescatar la importancia de esta ciencia como “historia de las palabras”, de hecho que la misma puede ayudarnos a desentrañar los primeros conceptos de los vocablos. En tal sentido, recordemos que el mes de mayo es el tercero del calendario masónico y quinto del gregoriano. De sus orígenes latinos rescatamos la voz “maius” de significación mes de “maia”, Diosa de la primavera entre los antiguos romanos, lo que aseguraba a su mes la prodigalidad en dones. De allí, la tal vez inconsciente coincidencia con la precedente cita de Palcos en cuanto a la palabra “alborada”, utilizada por éste a modo de nacimiento o génesis de la nueva Nación.
Disgresiones aparte, cabe ahora adentrarnos en el tema de fondo: “La Revolución”.
En aras del orden propuesto en el epígrafe, se propone a los lectores una primera triada para la consideración del hecho revolucionario. Partiendo de la llegada al Puerto de Montevideo de la fragata inglesa “John Paris” el día 13 de mayo, con la noticia de la caída de Sevilla en manos de Napoleón, se precipitan los acontecimientos en Buenos Aires, en una sucesión cronológica de tres fechas de cuyo análisis no podemos prescindir: el Cabildo Abierto del día 22, la Contrarrevolución y el Cabildo del 25.
La primera, la del cabildo del 22. Antes y más allá de su trascendencia en orden al resultado de su decisorio, debe rescatarse por su valor como expresión primigenia de la soberanía popular en esta parte de la América. De los 450 invitados, concurrieron 251, de los cuales 94 eran comerciantes, vecinos y hacendados, 93 empleados y funcionarios, 60 jefes y oficiales de mar y tierra, 27 profesionales liberales y 25 clérigos y frailes. La cuestión medular a determinar era responder al interrogante de saber “si se ha de subrogar otra autoridad a la superior” que ejercía el virrey en nombre de Fernando VII, y en caso afirmativo, ¿en quién debía recaer la designación?. No viene a cuento reseñar las largas discusiones sobre el particular, sino enfocar la atención sobre los aspectos más relevantes del debate, rescatando al efecto una triada de oradores, que resumen las distintas posiciones. Al primero que nos referimos es al Obispo Benito de Lué y Riega, quien enfáticamente negó el derecho de los americanos para hacer innovaciones en el gobierno, rescatando el hecho de que las Indias eran propiedad de España y de sus hijos quienes eran los únicos con derecho a gobernarlas. La soberanía del gobierno residía en España y era privativa de españoles. Correspondió a los masones Castelli y Paso rebatir dichas argumentaciones y sentar con singular acierto la doctrina de la autodeterminación soberana de los pueblos. Castelli, formado en Chuquisaca, ilustrado tanto en las doctrinas de la soberanía popular de Domingo de Soto, Francisco Suarez y Francisco de Vitoria, conocía por otro lado las más modernas concepciones contractualistas de Rousseau, Hobbes y Locke. Sostuvo en la oportunidad que habiendo caducado la España, con ella también lo han hecho sus autoridades, correspondiendo en consecuencia al pueblo reasumir la soberanía y designar las autoridades que estime convenientes a sus intereses. Como bien señala González Calderón (11), correspondió a Paso completar la exposición fundando la legitimación de Buenos Aires para actuar en nombre de todo el Virreinato, cuando sobre el particular señaló que “así como los hermanos o los amigos podían tomar legítimamente el negocio ajeno para beneficiar al ausente . . ., así una capital o un pueblo enterado del peligro común, tenía la facultad y el derecho de tomar la gestión del asunto, sin perjuicio de someterse después a la aprobación de sus condóminos o consocios . . .”. Las exposiciones reseñadas, fundantes de una nueva concepción referida al ejercicio de los derechos políticos, fue aprobada con amplitud, estableciéndose que el virrey debía cesar en el mando.
El segundo aspecto de la triada se vincula con la contrarrevolución orquestada desde el Cabildo, el que desconoció el pronunciamiento del pueblo a instancias de elementos realistas y reaccionarios, estableciendo en contra de lo expresamente decidido, una Junta de Gobierno encabezada por el Virrey antes depuesto.
Si bien los sucesos del 25 son ampliamente conocidos, no podemos dejar de remarcar que sólo la decidida acción del grupo patriota impidió la concreción de la maniobra contrarrevolucionaria, instaurando lo que la posteridad ha conocido como el “primer gobierno patrio”, objeto de esta conmemoración.
No podemos cerrar el capítulo revolucionario, sin mencionar una triada de sus efectos, que como principios básicos informan la Constitución de la Nación y constituyen los pilares sobre los que descansa nuestro sistema republicano: la soberanía popular, el sistema federal y el principio representativo.

La Participación Masónica
Durante años, la participación de la masonería en los sucesos de mayo de 1810, ha sido objeto de múltiples discusiones y no menos desencuentros. Sin embargo, se puede afirmar sin temor a equívoco, que a la Masonería Rioplatense de la época, no sólo le cupo una decidida acción en dichos acontecimientos, sino además, que su intervención resultó decisiva para el éxito del movimiento revolucionario.
La aparición de nuevas obras sobre el tema, la reconsideración de antiguas fuentes documentales y la tarea de jóvenes investigadores deseosos de profundizar esta cuestión, han contribuido grandemente a echar luz sobre el particular. Así por ejemplo, un muy documentado trabajo de Enrique de Gandía, el examen minucioso de la autobiografías de Saavedra, Belgrano y Guido y los más recientes estudios de Patricia Pasqualli, permiten arribar a la ya esbozada conclusión de que: la actuación de las logias y de los masones del Río de la Plata fueron determinantes en los acontecimientos de Mayo de 1.810.
Para el estudio del tema, podríamos arriesgar una última triada, siguiendo el orden siguiente: -El Estado de la Masonería en el Río de la Plata a principios del siglo XIX-; -La Actuación de los Patriotas Masones- y -la Identidad entre el Ideario Revolucionario y el Masónico-.
En la “Independencia de América y las Sociedades Secretas”, Enrique de Gandía (12) realiza un pormenorizado análisis sobre el primer aspecto. Sostiene que para 1810, la masonería había adquirido importante desarrollo en Buenos Aires. Entre los testimonios citados, figura el del General Enrique Martínez, el que en carta a Andrés Lamas declara que “desde época remota existía la sociedad masónica y Peña y Vieytes pertenecían a ella”. La época a la que refiere es la del Virrey Sobremonte, cuando la logia fue descubierta a raíz de una fuerte tormenta que arrastró mandiles y demás ornamentos. Agrega el General que la Jabonería de Vieytes era el lugar donde se reunía la logia “Amigos de la Libertad”.
Tales circunstancias hacen que Gandía arriesgue que ya para 1.795 existían trabajos masónicos en la capital del virreinato. Menciona a la muy conocida Logia San Juan de Jerusalén fundada en 1.804 por Juan de Silva Cordeiro, y cita a Ignacio Núñez, que en sus recuerdos afirma que las Invasiones Inglesas contribuyeron grandemente al fortalecimiento de la labor masónica.
Por su parte, Francisco Grilló, en sus “Episodios Patrios”, revela una comunicación de la Gran Logia de Versalles de 1795, dirigida a la Logia Independencia de Buenos Aires. Sobre esta misma Logia, el Coronel inglés Santiago Burke, narra que cuando se iba de la ciudad en 1809, fueron a despedirlo “un número de las principales personas del lugar, mis viejos amigos de Independencia”.
El General Miller, de hecho poco afecto a la masonería, escribe en sus “Memorias”: “un club, llamado la logia, se ha introducido con el objeto ostensible de promover la emancipación de la América Española . . .”(14).
Los testimonios citados, revelan que a la fecha del movimiento emancipador, la masonería era importante en Buenos Aires y se expresaba a través de varias logias, entre las cuales, las más conocidas históricamente han sido la San Juan de Jerusalén, la Independencia o Amigos de la Libertad y la Sociedad de los Siete, todas anteriores a la Lautaro..
La importancia del estudio de la segunda cuestión, referida al accionar de los patriotas masones, queda de manifiesto por el protagonismo que los mismos tuvieron durante los sucesos revolucionarios y en la conformación de la Primera Junta de Gobierno.
Los autores citados, a los que podemos sumar el Dean Funes, Zinni y Alcibíades Lappas, coinciden en cuanto a la pertenencia masónica de: Saavedra, Belgrano, Moreno, Matías Irigoyen, Donado, Chiclana, Paso, Castelli, Nicolás Rodríguez Peña, Berutti, Guido y Vieytes, entre otros muchos (15). Muchos atentos lectores podrán advertir que los masones enunciados fueron los principales protagonistas del cabildo del 22, se los sucesos posteriores y del gobierno emanado del movimiento revolucionario.
Más que ilustrativo respecto al rol de la Orden y de los masones resulta el testimonio del General Tomás Guido, quien en sus Memorias revela tales circunstancias de modo insuperable, atendiendo a su condición de protagonista. Dice el ilustre militar y masón respecto a la tarea de los masones al tomar éstos conocimiento de la pretendida contrarrevolución: “En la tarde del mismo día fue publicado por bando el acuerdo clasificado de popular, proclamando una junta compuesta del Virrey Cisneros como presidente y de los señores Saavedra, Castelli, Sola e Inchaurregui. El pueblo pareció satisfecho de esta elección y los españoles se felicitaron de haber salvado del peligro de un trastorno fundamental viendo triunfante la autoridad del Virrey. Muy diferente sensación produjo tal inesperado desenlace en el club reunido a las ocho de la noche en la casa del señor Peña… Era pues necesario deshacer lo hecho, convocar nuevamente al pueblo y obtener del cabildo se prestase a reconsiderar ante otra reunión popular la sanción de la víspera… Se aproximaba el alba sin que aún se hubiese convenido sobre los elegibles. Hubo un momento en que se desesperó de encontrarlos. Gran zozobra y desconsuelo para los congregados en ese gran complot de donde nació la libertad de la República. La situación cada vez presentaba un aspecto más siniestro. En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del Regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias, observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie y súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido de su sangre generosa, entró en la sala del club (el comedor de la sala del señor Peña), y lanzando una mirada altiva en rededor de sí y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada: ¡ Juro dijo, a la Patria, y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde el Virrey no hubiese sido derrocado, a fe de caballero yo lo derrocaré con mis armas¡… Luego todos volvieron a ocuparse de los candidatos y cuando parecía agotada la esperanza, don Antonio Berutti pidió se le pasase papel y tintero y como inspirado de lo alto, trazó sin trepidar los nombres de los que compusieron la Primera Junta.”(16).
El tercer aspecto de esta última triada, refiere a la identidad entre el ideario de Mayo y el masónico.
Si reflexionamos un minuto sobre el simbólico y bello aserto del Libro de la Ley Sagrada - la Biblia-: “. . .por sus frutos los conoceréis”, no ha de resultar una temeridad afirmar que lo que el movimiento revolucionario de mayo produjo y plasmó en la sociedad civil, no fue más que la manifestación externa del ideario humanístico de la masonería, sintetizado en su lema de LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD.
El denominado “Espíritu de Mayo”, como ya se dijera, base y programa del ordenamiento constitucional argentino, reconoce como su más importante fuente a las enseñanzas de la masonería vinculadas con la soberanía popular, la autodeterminación de los pueblos, la igualdad jurídica, la división de poderes, la representación, las libertades de pensamiento, expresión y conciencia, tan largamente trabajadas y estudiadas en la serenidad de los templos y bellamente labradas en el corazón de cada masón.
Para los masones, el “Espíritu de Mayo”, encarnación político-institucional del “Espíritu Masónico”, debe ser motivo de permanente recordación entre nosotros; de la misma forma en que la conducta de quienes precedieron ha de ser motivo de emulación; pero como la obra comenzada en mayo de .810 lejos está aún de ser terminada, es obligación de la ciudadanía argentina, preparada para ser del mundo y abierta a los desafíos de sus tiempos, continuar con esos trabajos.

CITAS:
(1) Gómez de Silva, Guido, Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española, Fondo de Cultura Económica, Méjico, p. 691.
(2) Diccionario Universal Enciclopédico, Plaza y Janes editores, Barcelona, 1995.
(3) Bazot, M. , Manual de la Francmasonería, Angeres, 1845, Tomo II.
(4) Frau Aubrines y Rosendo Arúst Arderiú, Diccionario Enciclopédico de la Masonería, Editorial Kier, Buenos Aires, 1962, T 2, p. 862.
(5) Pigna, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina, Grupo Editor Norma, Buenos Aires, 2004, p. 218.
(6) Idem., p 220.
(7) González Calderón, Juan, Derecho Constitucional Argentino, J. Lajouane Editores, Buenos Aires, 1930, T 1, p. 3.
(8) Belgrano, Manuel, Autobiografía, en Los Sucesos de Mayo, Ed. Jackson, Buenos Aires, 1945, p. 117.
(9) Luna, Félix, Historia Integral de la Argentina, Ed. Planeta, T 5, p. 380.
(10) Palcos, Alberto, Prólogo a los Sucesos de Mayo, op.cit., p. XVIII.
(11) González Calderón, Juan, op.cit., p.17.
(12) De Gandía, Enrique, La Independencia de América y Las Sociedades Secretas, Ed. Sudamérica - Santa Fe, 1994, p. 118 y ss.
(13) Idem., p. 125.
(14) Miller, John, Memorias del General Miller, Ed. Emecé, 1997, p. 259.
(15) Lappas, Alcibíades, La Masonería Argentina a Través de sus Hombres, Buenos Aires, 1966.
(16) Guido, Tomás, Reseña Histórica de los Sucesos de Mayo, en Los Sucesos de Mayo, op.cit., p. 185 y ss.